miércoles, 8 de febrero de 2012

Maquillaje que se corre con el agua


Me enferma ser tan minitah algunos días. No esos días, fisiológicamente hablando, sino los días donde me acoplo al género. De repente me encuentro con delirios celotipicos con motivos totalmente inaceptables…ni hablemos de que los fundamentos de tal conducta proceden de cosas totalmente irrelevantes. Para ser una persona que no es celosa, tener que bancarse un día de descontrol emocional es bastante agotador. Busco excusas para justificar mis pensamientos y por qué me enojo de tal manera con una situación o varias que no deberían ni moverme una pestaña.
De la nada se te apretuja el corazón y tenés ganas de llorar. ¿Por qué corno vas a llorar si no tenés motivos? La bipolaridad o extremos anímicos se evidencian. A la mañana estaba feliz como una lombriz (aunque hay que preguntarse como son las lombrices felices antes de hablar tan livianamente, creo yo) y de un momento a otro pasas por la bronca o por la tristeza absoluta.
Tráiganme chocolates. Bueno no, chocolates no más no. Papas fritas también, una hamburguesa, un asado, una noche en la cordillera, unas vacaciones divertidas, un viaje al otro lado del mundo…Claramente la ansiedad se apodero de mi persona.
No logro que los lentes queden limpios. Estoy todo el día en la computadora o leyendo cual lisa Simpson y tengo los anteojos para atrás. Apreto un poco mas el papel cuando lo limpio, lo paso suavecito, agarro una tela, le pongo salsa de tomate…nada! Siguen cochinos. “Será hora que los vayas cambiando” dijo Laisa. “si debería cambiarlos, como varias cosas en mi vida como la comodidad de las situaciones con las que venia viviendo”. ¡Que existencialista que me ponen un par de cristales…bue…de vidrios con antireflex!
Siguiendo con la caracterización de los momentos sensibles, que me darían un Oscar por lo bien que me sale este papel, puedo hablar sobre lo que quiero y no quiero. “te falta un amor” me dijeron el otro día. No, no me falta un amor. Si voy a tener a alguien al lado que por lo menos me invite al cine o a bailar rock de los ’50 que me encante. No quiero un amor, ni tampoco quiero EL amor. Quiero alguien se ria un poco mucho de lo ridículo que puede ser el amor. Bueno, como verán en estos días de minitah me agarra la cursilería. Dame un fernet rapidito y pongamos futbol, así lo sobrepaso rapidito.
“¿Qué harías si pudieses cambiar el curso del tiempo?” o algo así leí en un titular de una revista. Ya no me acuerdo si de papel o digital, con esto de que tengo la geta pegada a la compu todo el día ya no distingo soportes. Volviendo al título, no se si tengo ganas de pensar que haría con el curso del tiempo, si lo tomaría en clases, rendiría exámenes. Tampoco se si tengo ganas de ponerme a pensar en eso si en la pagina o espacio programado webisticamente me recomienda como hacer que mis comidas tengan menos calorías usando un edulcorante con gusto a pasto.
Hablando de comidas y esas cosas ¿es tan necesario que los kilitos de mas no se vayan? Ya que estoy en esta postura de mujer psicótica leedora de Oh lala!, Cosmopolitan y consumidora incuestionable de Sex and the city voy a hacer mi reclamo sobre la cuestión del peso. Me morfo todo y sigo igual, me muero de hambre y sigo igual. ¿QUIEN TE ENTIENDE? Mientras me saco el esmalte de las uñas para tener unos gramos menos organizo una cena con gente amiga.
Hablar o no hablar con las personas. Esa es la clave en toda esta cuestión. Esa regla de “si no me habla, no le hablo” es tan hiriente que nos encanta seguirla. El tema del orgullo dicen todas. Yo en mis días de persona común, o por lo menos en mi mundo común, no me comporto así. He sufrido varias situaciones que hoy me dan risa gracias a mi sinceridad. Sobre todo a las 5 de la mañana. Pero eso es tema viejo. Ahora con mi personalidad de nena no me sale. De repente te habla alguien que hace siglos no te interesa y te sentís un poco bien porque te chamuyen. Aunque yo les recomendaría que duden de las intenciones de los tipos que no dicen nada y dicen todo. Llamarlo por teléfono o mandarle un mensajito, enviarle una paloma mensajera o aprender a hacer señales de humo. Si le hablo soy una desesperada y si no le hablo parece que me importa poco su presencia en el mundo. ¿Por qué hoy estoy tan minita?
Lo único que me falta ponerme a escribir un diario y contarle mi vida cotidiana…oh wait! Ya lo hago con un blog…

miércoles, 1 de febrero de 2012

No use este tomacorriente


La cuestión de armar o no armar un bolso, eso. Si tengo ganas o no. Loco inventen la teletransportación. Tengo unos días de hinchadez de pelotas, ovarios y hasta pestañas. "te vino?". NO PELOTUDO, soy un ser humano complejo, con muchas conexiones cerebrales que atraviesan todo mi ser, sentimientos que surgen de un momento a otro sin que yo tenga control, y la falla en la capacidad de la razón para poder articular en palabras y conceptos porque es que QUIERO MANDAR A TODOS AL CARAJO.
Me fui de vacaciones a la playa. Fuimos ese grupo antisocial que no le da bola a nadie, solo me levantaba para mirar al pibito que es 3 años menor que yo y que siempre me pareció lindo. Venia a chamuyarme para darme entradas gratis al boliche básico que había en la ciudad. Lo conocía de otros lados, espero que nunca se avive que me conoce a través de mi ex porque ahí si que vamos a tener problemas.
Dormí 4 noches en carpa. Bueno, "dormí". No, no me fui de fiesta. El día que llegamos había sombra en ese lugar. Si, a las 4 de la tarde.
A las 10 de la mañana era un sauna. Nos despertábamos como si nos hubiesen estado asfixiando con una bolsa biodegradable. Ni hablar del hecho de que estábamos durmiendo en CULO. Bueno, no tan así, digamos que estábamos en ropa interior con remeras apoyadas en nuestras partes mientras la mitad del cierre de la carpa permanecía abierto toda la mañana y nuestros vecinos (los hippies roñosos que dejaron unas tortafritas 3 días en un jarrito, al aire libre con calor y arena) nos miraban a través de los cristales de sus gafas de sol.
Para la 3era noche ya no había que darnos explicaciones de nada, nos entendíamos con  unas señas. Yo levantaba la cabeza y le decía “ahí, si ahí” a mi mejor amiga y ella sabia que tenia que bajar el cierre. O miraba para el costado y atándome el pelo daba a entender a la chica de las uñas largas que era hora de que nos vayamos a bañar juntas. Si uno tiene la mente en cualquier lado, estas escenas pueden parecer sacadas de una película clase B. Yo los dejo a su criterio.
Lo bueno que tienen las vacaciones (que son realmente vacaciones y no esos pseudo periodos de tiempo donde la gente se hace la que “esta relajada y zen con la vida” pero después se enoja hasta porque no encuentra el cortaúñas, se amontona en los lugares populares para hacer lo que hace todo el mundo y encima se queja de que el otro este haciendo lo mismo que ellos) es que uno se aleja de los conflictos. Aunque te persigan, aunque establezcan un hilo invisible con la distancia y tiempo, uno introduce su cara en un libro y la vida se transforma en una articulación de palabras y escenas mentales.
Además te comes todo lo que pasa por delante tuyo.  - ¿Qué hiciste hoy? – Nada, me levante y comí, y después comí, y después comí un poco mas…ah y también comí- Uno después se pregunta como es que no le entran los pantalones que se compro hace 3 meses. También en esta época aparece una dieta a base de una bebida espirituosa que nos alimenta el alma, la panza y las borracheras. Que es perfecta a la hora de cenar  y de madrugada, pero que es más perfecta en plena playa a las 5 de la tarde. Por si no se dan por aludidos, vayan al súper que fui hoy y fíjense a que botellas que empiezan con BRAN y terminan con CA les pusieron alarmas individuales para evitar los robos.
Las consecuencias de este periodo se evidencian en los cortocircuitos cerebrales que se producen en mi ser. Desde no entender un chiste de un librito de nenes de 4to grado a no saber si hablarle a las personas porque es demasiado trabajo explicar que carajo estas haciendo de tu vida. Mucha gente no entiende que sentirse productivo no pasa por estar ligado a las exigencias de un trabajo o de una pareja, pasa por revolverse el interior de la cabeza y definir como queres vivir la vida. Pero claro, no todo el mundo tiene la fuerza de voluntad para hacer algo así. Entonces mejor ir a decirte que lo que vos haces y pensas es idiota y solo una forma de existencia es la valida. Yo digo a todo eso que soy de las que se atan los cordones de las alpargatas y le quitan dramatismo a los huracanes…

jueves, 29 de diciembre de 2011

Renovacion del adn


Después de reflexionar bastante sobre las relaciones amorosas tengo que decir que me dan sarpullido o piel de pollo. A mi mejor amiga le pasa lo mismo. Es sentir ese ancla atado al pie que te hunde, que te manda mensajes todo el día, que tenés que llamar, que tenés que organizar para ver…claramente no tengo ganas de tener novio formal. Pero al mismo tiempo charlando con la tipa Morena y recordando una situación vivida en una fiesta, me di cuenta que existen algunas justificaciones para cortar una relación si es que en algún momento tengo ese peso encima. “No me gustan tus estados de fb”, parece una boludez, pero si se piensa detenidamente tiene un fundamento profundo. No voy a detallar mucho sobre el análisis de cómo escribe la gente en su red social, mas aun porque yo suelo poner las incoherencias mas grandes de la historia, pero cada uno sabe que quiere y que no de un actualizador de estados. Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios, pero además somos dependientes de nuestros caracteres virtuales.
Continuando con la cuestión relacional, hay una cosa que se llama LIBERTAD y no todos los vínculos la conocen. ¿Sabes como se consigue? Decidiendo. Elegir te da libertad y la libertad te da la posibilidad de elegir. Entonces, hasta que encuentre a uno que en sus conexiones neuronales le entre esta idea en la cabeza, NO ME JODAN. Como dijo mi mejor amiga…rómpeme el corazón pero no las pelotas. Elegir, seleccionar, optar, preferir…todas esas cosas que deberían ser básicas, a veces se tornan tan complicadas que uno ni siquiera se esfuerza. Entonces ahí es donde se produce la simbiosis cerebral entre los tortolitos que piensan igual, hablan igual, se quejan de la vida igual, no quiero ni pensar que es lo que harán igual en otros aspectos de la vida. Me pregunto, si van a tener una relaciona así, pónganse de novios con el espejo. Es mas barato, siempre te va a devolver la sonrisa cuando le sonrías y te aseguro que si te pones vestido no va a quedar ridículo si el que esta en frente también lo tiene.
Otra cuestión de los vínculos es la delimitación del YO. Dependiendo de cuantas veces por frase o párrafo dice una persona yo o a mi, es el grado de necesidad de imponer la voluntad sobre el otro. Esto se convierte entonces en una guerra de pisadas unos sobre otros. Claramente YO cuando hablo, hablo mucho, muy rápido, así que si alguien se atreve a contar la cantidad de veces que digo YO, le doy un premio. En realidad es algo que estoy tratando de cambiar, porque medio como que uno termina quedando como con complejo de centro de mesa. Siendo su visión la única que se puede dar y la única que es correcta. No hay que caer en el extremo de ser sumiso a la voluntad de los demás, sino de escuchar y dejar ser. Y si te produce muchos problemas existenciales escuchar y aceptar que el otro piensa distinto, desenchufa las orejas y anda por algunos ámbitos en automático. Cuidarte tu YO hace que el que tenés al lado, en frente o atrás no te obligue y tampoco se sienta ofendido, y si es un poquito inteligente también aprenda a cuidar el suyo. Ahora me pregunto…¿Qué hago YO si mi YO esta compuesto como por 15 personalidades? Estos delirios y derrapes nocturnos que llevan a filosofar sobre escarbadientes y alicates hacen que me tiemble la mano cuando me tomo un café a las 4 de la tarde en verano y con 40º de calor.
Se abre acá un dilema también. ¿Sigo juntando experiencias para contarle a mis nietos y poner la olla gigante de fideos cuando nos juntamos todos en una fiesta; o me quedo sola y espero a que me deslumbre alguien que funcione con mis pasitos y yo con los suyos? Quiero que me hablen y al mismo tiempo me da pánico que me inviten a tomar algo. No me gusta que me sofoquen con mensajes y chateadas pero si me ignoran durante mucho tiempo me da la sensación de que ya no es divertido. Voy a una fiesta y bailo con alguno o me quedo con mi grupo y me aprovecho de los amigos de mis amigos. Estas cuestiones son tan complicadas que me dan calor como el que te da cuando recién te pones el autobronceante. Así de incomoda me siento respecto a las relaciones amorosas…quiero estar quemada pero no poder moverme y vestirme porque no se me absorbió la crema es el gran conflicto que asecha a las mentes de estos días…

martes, 18 de octubre de 2011

Imanes de la heladera

Miedo. No el que te presentan en las películas. No es el que te da sensación de dolor de panza y ganas de gritar mientras los pochoclos vuelan de acá para allá por los saltos que pegas en la sala de cine. Es una palabra que encierra muchas cosas. La cuestión no está en ponerse a filosofar en profundidad sobre este concepto, pero acá tengo un par de conclusiones respecto a este tema. Talvez incluido dentro del proceso que venia viviendo, darme cuenta que en otros idiomas la palabra no tiene tanto peso alivio la situación. Hasta empezó a sonar simpática. Paura se le dice en italiano. Así, ni más ni menos que eso. Creo que puede incluso parecer un nombre exótico. Ni hablemos de francés, la peur.. ya desde el vamos que cambia de género, no tiene la misma intensidad. Entonces, yo me pregunto… ¿Por qué me daba tanto terror recibir un llamado? Así como pasó con la tesis, ahora había otra cuestión que me atontaba el cerebro. Esa sensación de no tener el control sobre las cosas. Esos sentimientos que no podes atrapar por más que estires las manos y le des abrazo de oso. Te supera. Tenés la misma conversación una y otra vez con tus viejos. Creo que llegue a sentirme incapacitada neuronal. Para pelear se necesitan 2, y si uno es una pared, todo lo que el otro diga y haga le va a rebotar. Por ende, ¿Qué necesidad tengo de estar pensando excusas para un conflicto que ni siquiera invente yo, del que no tengo por qué participar, que tiene relación con los propios miedos y problemas del otro? Nada, pero siempre ahí poniéndome en el lugar del otro. Porque la vida sería mas fácil si yo no me pusiese en los zapatos de las otras personas. Tengo esa maldita costumbre y mala conducta. No porque dañe al otro es que es mala, sino porque es nociva para mi misma. “vos anda tranquilo, yo me pongo tus zapatos, te los mantengo calentitos y cuando vos vuelvas a tener ganas o no tengas mas miedo volves a ponértelos”. Mientras tanto yo lidio con mi vida y la del resto. No es una cuestión de egoísmo, pero así como el que tira del otro lado de la soga tiene sus mambos miedosos, yo creo que tengo un poco de miedo a decir “a mi no me vengas a joder”.

De todas formas es una cuestión de decisión. Todo lo externo puede ayudarte pero no te va a durar mucho tiempo. Las palabras de papá, las conversaciones con amigos, las conversaciones con gente que no es amiga, todo para buscar justificaciones. ¿de qué? De que existe un motivo valido para estar tan cagado hasta las patas. “vos tenés razón y siempre hiciste las cosas bien” me repitieron varias veces, pero yo me inmovilizaba cada vez que el teléfono de mi casa sonaba. Hay que ponerse en un escalón superior y neutralizar la situación conflictiva. No siempre se puede si uno se siente metido en el torbellino. Claramente un torbellino en el que te metieron a la fuerza, te agarraron de un brazo o de los pelos y te incluyeron en el transcurso de algo con lo que no tenias nada que ver. Y siempre con una sonrisa, tratando de desdramatizar las cosas. Y el miedo estaba en no saber hacia donde iba a salir volando después de girar y girar en ese tornado en el que me incluyeron sin preguntarme. Bah! En los tantos tornados, maremotos, huracanes en los que la gente te mete porque no quiere estar solo en vez de preguntarte como hace para dar un pasito al costado. Y en el peor de los casos, cuando te lo preguntan, no te escuchan…porque tener casas y vacas volando alrededor tuyo mientras te atraviesa un huracán es bastante complicado. Lo máximo que podes hacer es agarrar un megáfono para no esforzar tu voz gritando y decirle “cuidado, agachate porque ahí viene volando el súper chino en el que compraste las birras el otro día”.

Si es tan sencillo decidir dejar de tener miedo ¿por qué yo seguía torturándome con el temita? Simplemente porque no había tomado la determinación. ¿Por qué es tan tan tan fácil hacerlo en algunas cosas que son trascendentales, y tan tan tan complicado en banalidades? Porque así lo dispongo yo. Debe ser porque presto demasiada atención en los detalles. Palabras exactas, conversaciones en momentos y lugares precisos, tonalidades de la voz, expresiones de las caras cuando me dicen las cosas. Así resulta imposible no preocuparse por boludeces y tomarse con tranquilidad los temas importantes. Entonces sonó el teléfono, ring una vez, ring otra vez, parálisis muscular y emocional. “no voy a atender, no voy a atender, no quiero, no tengo ganas de dar explicaciones, no quiero pelear, no quiero, no quiero no quiero no quiero”, seguía el ring y sin pensarlo mas me levante. Despegué el tubo del resto del aparato y dije hola. Que bueno me anime, ya está, no me va a torturar mas la situación, ya lo enfrente, ya está aca, no tengo que pensar mas explicaciones, no tengo que sentir mas la espera. “No equivocado” tanto problema y ni siquiera era…

miércoles, 12 de octubre de 2011

Azucar sin arroz

Reírse de uno mismo. Así le definí lo que hago con las palabras a un grupo de personas nuevas en mi vida. Los noté animados con la descripción de mis posteos. Creo que más que ellos escuchar de que se trataba, yo necesitaba hablar. Hablar y escribir. Hasta en otros idiomas. Probablemente la gente que me conoce puede sorprenderse de esta afirmación. “yo no hablo”. Si, todo bien, hablo hasta por los codos, pero no hablo. No digo las cosas. No se las digo a las personas que corresponden, en los momentos adecuados. Decir no solo es formular un pensamiento, articularlo lógicamente y pronunciar sonidos. Es expresar muchas cosas. Así que en mi nueva postura de la vida, trato de exponer las cuestiones como deben ser. Por eso agarro el teléfono y llamó a mi padre, aunque signifique aceptar que no tengo edad ni tiempo para resolver todas las cosas que me gustaría.

Dije con total libertad una filosofía de vida trillada, reírse de las cosas que te pasan. Desdramatizarlas. Seguramente mi compañero escritor de teorías filosóficas debe haber pensado que era una idiotez, o por ahí pensó que había alguien en el mundo como él que se pone a pensar otra manera de ver las cosas. Me fui a tomar el bondi con eso en la capocha. R E I R S E. Llovía mucho, y claramente, yo era la única que no tenia paraguas. Escabullirme debajo de un árbol empeoraba las cosas. El colectivo se estaba tomando todo el tiempo del mundo para venir.

“seguro que me subo y esta lleno, no me puedo sentar, se me caen las monedas, la gente me putea porque no me apuro, alguno va con el celu sin auriculares escuchando música (propicia para un sábado a las 5 de la mañana), debo tener el rimel corrido, debo parecer un zombie”. Así, forever and ever, giraban las frases en mi cabeza en los segundos en los que el rojito se acercaba. Para mi sorpresa, estaba vacío. Había asientos. Las monedas no se me cayeron y rodaron cortando cabezas de todos los gérmenes que hay en el piso, el maquillaje no se me había corrido (solo se me habían revoloteado un poco las pestañas), nadie escuchaba ningún tipo de música. Un ratito las cosas como yo quería.

Entonces volver a casa de repente te hace acordar que tuviste un día horrible. “otros deben estar peor”. Sorry por el egoísmo, pero la vida de otro es de otro, en mi planetita las cosas que me pasan son tan graves como un tsunami. Mejor no hablar de eso porque después sueño.

La gente es desubicada y egoísta. Pretende que le pelees sus batallas y se las ganes sin que ellos hagan esfuerzos. No importan las horas frente a una pantalla trabajando si no les cumpliste su capricho. No importa la buena voluntad y la buena predisposición por años, en instancias decisivas te salen con reproches. No son relevantes todos esos aspectos en los que cediste a tus deseos para no molestar ni hacer daño, siempre sos un aprovechador en momentos clave. No importa cuanto quieras que cambie una persona por su bien, las personas no cambian.

La terquedad es valorada en muchos ámbitos, yo no la aprecio en ninguno de los míos. Ser orgulloso no siempre demuestra valentía, sino más bien pánico y deshonestidad. Juzgar las cosas según el anteojo con el que las estés mirando no hace que estén mas cercas o mas lejos tuyo. La vida no es unilateral como muchos piensan. Las cosas se acuerdan, se pactan, se respetan, se establecen bajo criterios y parámetros, se cumplen, se practican como son. Cada uno cuida su jardín, pero si yo tengo las hojas de mis plantas en tu terreno por más que las raíces digan que son del mío, vas a pelearme la situación aunque los dos nos quedemos sin plantitas. Las personas deberían entender que el respeto se pierde solo con la falta de respeto.

Ante este panorama desolador hay opciones a seguir. En primer lugar podes sentirte mal todo el día, enojarte con el mundo y con vos mismo, llorarle a tu papá porque te frustraste con algo, aceptar las culpas, asumir culpas que no te corresponden, prenderte al pote de dulce de leche con más culpa (no te lo recomiendo, porque salir de ese estado va a estar mas complicado que con los mineros de chile).

Sin embargo a veces aparecen opciones para seguir riéndose de la vida, una cena con amigas, un amigo que te dice que te quiere, una madre que te habla pavadas y se confunde de tecla diciéndole Nessi a un jugador (ME TENTE), unas canciones que te inspiran a cantar a los gritos, unos pensamientos desorbitados respecto a temáticas bizarras de la vida, unas fotos que te pones a sacar, unas lecturas a libros que te atrapan, una recorrida por todo el camino que transitaste con tus propias palabras, un posteo de blog sin sentido y sin gracia que te alivia un poco las ganas de decir las cosas…

martes, 27 de septiembre de 2011

Rentando o alquilando

El tiempo es un concepto que viene apareciendo en mi vida bastante en este último tiempo. (Valga la redundancia). Debe ser la edad o el momento, no lo se y creo que tampoco me importa. Pero me di cuenta que hay varios factores que influyen en esta cuestión de medir, calcular, tener un parámetro de tiempo. Depende del cristal con que se mire es que estas un poco o muy ciego. Hay tiempos para distintas cosas, o cosas metidas en distintos tiempos. Una de ellas y que me desespera es la espera. Por ejemplo, tenés un turno… ¿Qué haces? ¿Llegas 10 minutos antes? No. Porque seguro llegaste muy temprano y por la ley de Murphy ese día el medico se atrasa 40 minutos. Llegas después, no porque perdes el turno que te costo tanto sacar. (Aclaremos con esto que es mucho esfuerzo levantar el tubo del teléfono, marcar los numeritos y tratar de coordinar con una secretaria que no tiene ganas de estar ahí cuando es que podes modificar tu rutina diaria para poder ir). Alguna vez el psicólogo me dijo que si llegas 3 minutos antes no estas siendo puntual, estas llegando 3 minutos antes. Eso es clave..por eso cuando tengo un horario de llegada a un lugar camino la primera parte del trayecto corriendo para que me sobre el tiempo para caminar despacio la parte restante. Ni hablemos de cuando te citas con alguien. Bue, ponele que en estos tiempos que corren te dignas a tener una cita. Ponele que todavía los hombres te invitan a tomar un café y no te encaran en una barra con un fernet. Ponele que nosotras no los andamos apurando para que nos inviten a tomar algo para después decir que va muy rápido. Ponele que yo prefiero que me inviten al cine y que sea 3D. En fin, ¿Qué haces en esos casos? Llegas antes y tenés que bancarte esos interminables minutos donde la otra persona no aparece. Miras para un lado, miras para el otro, hasta miras hacia el suelo a ver si por casualidad es tan creativo que se te aparece debajo de un zapato. Lo peor de esas situaciones es que vos estas ahí parado, esperando, en una esquina, al costado de una escalera, al lado de uno disfrazado de Barney, mientras la gente que pasa te mira. Y pensas “deben pensar que quiero robarles algo, que estoy haciendo de campana” y te pones a mirar el celu, o a atarte los cordones, o a hacer todas esas cosas que crees que te harían ver normal pero que en realidad te hacen ver mas sospechoso que nunca. Aun mas trágico resulta si esa señora que pasa caminando por adelante tuyo con un bastón y apenas puede moverse piensa “pobre, la dejaron plantada”.

También existen otros tipos de tiempos de espera, obviamente que en el teléfono es lo peor…”bancame que busco papel y lapicera para anotar”...uff listo, acá me clavo 10 minutos, me gasto todo el crédito, no va a salir tinta, se va a dar cuenta que el papel es importante y no puede rayarlo, etc, etc, deambulas por tu cabeza mientras el teléfono de la otra persona queda apoyado en la mesa solo, riéndose de vos que estas ahí respirando fuerte. Pero para ir subiendo la graduación de lo terrible del tiempo de espera podemos declarar que la mas desagradable de todos los minutos, segundos, horas, etc es cuando tenés que decirle algo a alguien que no queres decirle. “no te quiero mas”, “me voy a mudar”, “me dieron el trabajo que querías”, “me canse de que hagamos siempre lo que vos queres”, “me olvide de ponerle mayonesa al sándwich”, y así podemos seguir. Es una adrenalina y un vértigo pensar en que puede pasar en ese momento en que las palabras salgan de tu boca, y es placentero pensar como te vas a sentir en el instante después de haberlo dicho.

Otro tiempo que me tortura en estos días es el que existe entre el momento en que te vas a dormir y el segundo exacto en que el despertador suena. Obviamente el primero de los 4 despertadores que te pones para informarle a tu cerebro que ya es hora de sacar la carucha a la calle e intentar tener una vida normal como el resto de los seres humanos (aunque no lo consigas muy seguido). Justamente este espacio temporal que existe entre esos dos puntos suele llamarse sueño, noni, dormir, desmayarse en la cama, descarrilar el cuerpo contra el colchón, babear la almohada y lamentablemente para algunos…roncar, se convirtió en algo gracioso para mi conciencia. Soñé que me encontraba con un señor ex y me decía que de los 30 días del mes, me extrañaba solo 20…y para mi grata sorpresa mi respuesta fue “¿Qué hacemos con los 10 restantes?, ese tercio del mes ¿no me extrañas?...Yo no puedo vivir con fracciones”. Ahí descubrí que el tiempo no es tiempo sino que es la cantidad de numeradores y denominadores que nosotros queramos…

jueves, 1 de septiembre de 2011

Joyeux anniversaire!

La cuestión es la siguiente: Hace 1 año exactamente se publico el primer posteo. Fue la consecuencia a la causa que se llamaba “hubiese cumplido un nuevo aniversario con mi ex”. LA ANGUSTIA se había apoderado de mi cabeza durante todo el mes de agosto. Se acercaba el día y yo no podía hacer nada. Cuando llego la fecha paso de todo menos lo que yo pensé que iba a pasar. Que de eso iba a nacer un blog. Si, porque la tipa cuando se deprime escribe. Pero además cuando se pone feliz escribe. Ni hablemos de cuando se le pelan los cables (mi pelo podría decirse, como me dijo un Sr. ebrio cuando tenia 10 años). Todo esto me hizo reflexionar sobre la costumbre o necesidad que tenemos de estar celebrando, recordando, conmemorando las cosas. Buenas y malas.

Me pongo filosófica mientras como dulce de leche del pote. Porque hoy tengo que festejar, conmemorar y celebrar que hace 1 año tuve un impulso. Tuve ganas de dejar salir todo eso que no me dejaba dormir bien. Me he propuesto en la vida celebrar las cosas más banales que puedan existir. Como por ejemplo, hace 6 días exactamente me pare en la esquina de una avenida muy ruidosa y transitada. Esperando cruzar la calle, con todo el fastidio que significa vivir en una ciudad, de repente salio el sol y un vientito bien helado me hizo darme cuenta que todavía estamos en invierno. Yo me pregunto entonces…¿Por qué no puedo acordarme de eso dentro de 10 años? ¿Qué necesidad tengo de estar recordando el día que le di un beso al bepi ese? ¿Qué necesidad tenemos de conmemorar el día que se murió un ser querido o importante para una causa? Se que es una cuestión de respeto, pero a veces nos olvidamos un poco de que hay cosas cotidianas que tendemos a olvidar y podrían ser motivo de festichola igual. El día que probé el primer vaso de fernet….yo me lo acuerdo…pero ¿cuántos de los que leen esto pueden decir exactamente en que momento fue y con quien estaban?

La cosa no está en criticar. Porque estoy cansada de las críticas. Todo el mundo tiene la capacidad, voz y voto de decirle al otro lo que hace mal. No hay que dejar de acordarse de los aniversarios con los novios, no hay que dejar de recordar la fecha en que cumplís años (si llegaste a este punto, creo que te ha visitado el alemán). Menos que menos olvidarse que algún ser humano fue significativo en nuestra vida y ya no está. Pero creo que la cosa está en festejar otro tipo de cosas. No es vivir del pasado, ni quedarse atado a lo que fue. Es darte cuenta que estas disfrutando de las cosas cuando son buenas, y que las malas fueron consecuencia de decisiones equivocadas pero que ahora no repetirías.

Por esto mi propuesta de acá en adelante es que empecemos a inmortalizar en nuestro cerebro cosas cotidianas sin tanta pompa como un san Valentín o un año nuevo. Porque al fin y al cabo, son nada mas que FECHAS. Impuestas, decididas, arbitrarias, estipuladas…a las cuales todos respondemos de la misma forma, o vamos contra la corriente. Como hacemos con mi grupo de amigas que celebramos nuestro propio dia de los enamorados teniendo por lo general una noche patetica, donde siempre pasan sucesos inesperados, donde ves a todas las parejitas apretando en el cheboli y vos estas cual loca desaforada y chivada bailando en el medio de la pista sin importarte nada. Total, el pibe que te gusta, si esta soltero no sale ese día para no comerse el garrón de la cursilería. Y si tiene novia, debe estar soportándola a ella diciéndole “te amo” cada dos minutos. Por eso nos propusimos conmemorar año tras año, el día de san Benjamin, que nada tiene que ver con nada pero nos hace felices. Propongo también acordarse del día en que te pusiste ese vestido “de la mala suerte” o como lo pienso yo “el vestido que no le encanta a las consecuencias de mis actos” que acompañó a acontecimientos inexplicables, inesperados e increíbles. Lo que no pensaste que iba a pasar esa noche ni nunca, sucede. Eso es motivo de conmemoración. Igual que el día que probas una marca nueva de chocolate.....o cuando descubrís que tu favorito bajo de precio. El esa hamburgueseada donde probaste el queso cheddar verdadero (no el de cadena de comidas rápidas). La noche que aprendiste a bailar con los tacos de 10 cm sin caerte (ni al piso, ni sobre la gente, ni sobre vos misma, ni mientras haces pis, ni cuando intentas bajar un escalón, ni cuando te llevas puestas las camperas en el centro de una ronda de gente bailando). Por este motivo es que hoy me broto mientras me bajo el pote de dulce de leche a cucharadas…